jueves, 6 de agosto de 2015

De la Torre hasta el Velódromo, un tour por el Estadio Olímpico.

Al lado del Estadio Olímpico y justo en frente del Jardín Botánico, se encuentra una de las gemas escondidas de Montréal; una atracción turística que pasa desapercibida: La Torre Olímpica.


Con 165 metros de altura y vistas que alcanzan hasta 80 km del Río St. Laurent y  zonas aledañas, la Torre Olímpica de Montréal es la torre inclinada más alta del mundo, con una inclinación de 45º (mientras que la Torre de Pisa tiene solo 5º) y la única en tener un funicular que funciona en una estructura curva.


¿La mejor parte? Tiene las mejores vistas de la ciudad.


Desde el lado este, es posible ver el Río St. Laurent y la Île Ste. Hélène, que alberga el parque temático más popular de Montréal: La Ronde. En el lado opuesto del puente está la ciudad de Longueuil.  


Desde la Torre es posible ver el Estadio Olímpico, en donde jugó (y ganó) el América contra el equipo de Montréal mientras yo estaba en Canadá.


La vista en la ventana opuesta es del distrito industrial, y esa estructura extraña que se ve de lado izquierdo es el Biodôme de Montréal, mi siguiente parada.

El Biodôme tiene un pequeño zoológico y un mini-acuario. Originalmente era un Velódromo durante los Juegos Olímpicos de 1976, pero ahora alberga flora y fauna de cuatro ecosistemas distintos. Entre las cosas que he visto:


Finalmente, mientras intentaba tomar fotos de los peces, se ha colado una mantarraya!


Aunque me la pasé muy bien, esperaba que el Biodôme tuviera una variedad más grande de animales y estuve muy decepcionada cuando he visto lo pequeño que es. No creo regresar en el futuro, aunque para ser visitante de primera vez, ha estado muy bien. Especialmente las advertencias a cerca de la popó de Ibis. Esos han sido mis favoritos.


Gracias por leer!

martes, 21 de julio de 2015

Tiempo fuera (Impresiones de Ottawa).

Dos semanas.

Han pasado dos semanas desde que dejé Montréal y aunque he estado danzando alrededor del Midwest Americano durante unos días antes de llegar a mi México Lindo y Querido, no pasa un día en el que no piense en la Estación Guy-Concordia, con su gente, su movimiento y el magnífico paisaje urbano que me acostumbré a ver cada mañana los pasados tres meses.

Entonces, a pesar de que estoy sana y salva de vuelta en México y ha pasado más de un mes en el que no he estado en el blog (porque como siempre, la vida está muy loca y yo soy muy desorganizada), las siguientes semanas estaré posteando sobre mis aventuras en Canadá. Aún. Sobre todo porque hay todavía mil cosas que decir sobre la ciudad que me adoptó durante mi sabático-no-planeado, pero también porque muy pronto me estaré mudando otra vez. Ahora, a un lugar al que espero llamar mi hogar por tiempo considerable.


Pero bueno, de vuelta a Canadá.

Después de estar volviéndome loca con la locura ajena en Montréal, decidí tomarme un fin de semana para visitar Ottawa. Como ustedes saben, Ottawa está localizada en la provincia de Ontario, mientras que Montréal está en Québec. Aún así, el viaje no es muy largo y con algo de organización pude tomar un bus de dos horas a la ciudad capital.

La cosa con Ottawa es que aún siendo la capital de Canadá, es mucho más tranquila que Montréal. Ottawa es más limpia, más organizada, más amable y pintoresca...una belleza. Por el otro lado, también es más calmada y el permanente sentimiento de fiesta que reina en Montréal, aquí no está tan presente. Aún así, me la he pasado muy bien. Sobre todo porque necesitaba un break de mis Quebecois y su francés, pero también porque moría por ver los Museos, el Parlamento y sobre todo...el Canal Rideau, Patrimonio Cultural de la UNESCO. (Soy un cliché). 

Mi primera parada ha sido el Museo Canadiense de Historia, localizado en Île-de-Hull, QC (No es precisamente Ottawa, pero por ahí). Además de albergar varias Exhibiciones Temporales, el museo cuenta con la Sala de las Primeras Naciones, la Colección Canadiense de Estampas, el Museo Canadiense del Niño y una Pantalla IMAX, convirtiéndolo en uno de los museos más grandes e interesantes que he visitado en un bueeeen rato.


Eso sin mencionar las increíbles vistas que se tienen del Parlamento desde aquí.


La siguiente parada fue Rideau Hall, casa del Gobernador General y los Monarcas Canadienses (o sea, la Reina Isabel). Los jardínes que rodean la propiedad son más bien un Arboretum construido a lo largo de muchísimos años por los dignatarios que visitan Ottawa, a quienes se les pide que planten un árbol en la propiedad. Caminando alrededor he podido descubrir los árboles de varios presidentes mexicanos, así como el Árbol de Mandela y muchos de la Reina Isabel, entre otros. 


Durante la Segunda Guerra Mundial, Rideau Hall fue la casa en exilio de varios monarcas europeos, entre los que se encontraba la Reina Juliana de Países Bajos, quien dio a luz a su segunda hija, la Princesa Margriet, en Ottawa. Para que la bebé pudiera ser únicamente holandesa, la sala de maternidad donde nació se declaró extraterritorial por el Gobierno Canadiense. Es por eso que Holanda envía 10, 000 tulipanes a Canadá cada año, dando origen al Festival de Tulipanes de Ottawa. 


Después, he visitado el Canal Rideau --bello e inmenso. 


Y justo después, he visto el Parlamento y me ha dejado encantada. ¡Es majestuoso! 


Finalmente, después de correr al Mercado ByWard por un Obama Tail (una variación de los Queues de Castor canadienses), he ido a la Galería Nacional de Canadá a ver Maman, una escultura gigantesca de una araña, hecha por Louise Bourgeois en los 90's como homenaje a su madre. La Araña de Ottawa, como también se le conoce, representa fuerza y protección.


A pesar de que estuve en Ottawa muy poco tiempo, puedo decir que el lugar me ha encantado. Me habían aconsejado que lo evitara, ya que no hay mucho que hacer en cuanto a vida social. Sin embargo, cuando se disfruta de los Museos y las vistas increíbles, creo que Ottawa es imperdible. 


Ottawa, estás hermosa. Gracias por dejarme disfrutar tanto de ti. 

sábado, 6 de junio de 2015

Hasta China y de vuelta.

Hace unos días escribí sobre mi visita al Pabellón de Mariposas en el Jardín Botánico, uno de los lugares más lindos que he visitado mientras he estado en Montréal.

Hoy quiero compartir un poco más de las cosas sobre las cosas que hice ese día, incluyendo una caminata alrededor del Jardín Chino y un lugar magnífico llamado Beaver Lake.

Después de visitar el Pabellón, decidí caminar alrededor del Jardín Botánico, que se extiende por alrededor de 75 hectáreas e incluye desde un Invernadero hasta un Insectario & Planetario, entre otras cosas. El Jardín Botánico es uno de los destinos turísticos más populares de Montréal.


A pesar de que el invierno en Montréal aún estaba en pleno apogeo, había mucha gente sentada alrededor del lago, disfrutando del frío clima del norte.

Después de congelarme la nariz un rato, fui al Jardín Chino, popular por el Festival de Luces que se lleva a cabo cada otoño. Aunque en esta época del año no había ni luces ni las celebradas esculturas instaladas en el verano del 2012, el Jardín me dejó encantada.

Debido al clima, había muy poca gente alrededor, lo que facilitó tomar fotos y disfrutar del paisaje. La luz no era optima y el frío me estaba congelando cada uno de mis huesos, pero el Jardín es tan estéticamente perfecto, que es imposible no querer pasar más tiempo ahí. 


Esto es lo primero que vi cuando entré al Jardín:


Desde ahí, es muy fácil llegar al edificio principal del Jardín, y depende del ángulo donde lo veas, luce así:


O así:


Y una vez en éste, se tiene una vista impresionante del Pabellón del Atardecer.

Dicen que durante el otoño el atardecer sucede justo detrás de esta estructura, dandole al Jardín una de las vistas más impresionantes del atardecer. De ahí su nombre.


Como los días aún eran muy fríos y las plantas estaban (en su mayoría) secas la primera vez que fui, había estado muriendo por regresar al Jardín y eventualmente persuadí a algunos amigos de regresar (aunque viéndolo bien, fue su idea ir al Jardín Botánico y yo solo los arrastré hasta el Jardín Chino y los hice comer ahí). 


El lugar se veía mucho más vivo. Había flores y el paisaje era más verde que antes, pero...justo cuando comencé a tomar fotos, la lluvia comenzó a caer en cantidades bíblicas...así que, esto es lo que acabé capturando.


Una vez que nos corrieron de ahí (¡cuando la lluvia casi había acabado!), decidimos seguir con nuestro picnic en el Parque Émilie-Gamelin. Pequeña historia: este parque está convenientemente situado entre la Villa Gay y la Universidad de Québec en Montréal, lo que lo convierte en un lugar ideal para pasar un rato con amigos. Sin embargo, no mucha gente va ahí porque (entre otras cosas) es un lugar excelente para la gente que busca pelea o aquellos que quieren robar uno que otro bolsillo o vender drogas...como descubrimos ese día. 

Mientras estuvimos ahí, vimos dos peleas a golpes (una de las cuales empezó justo al lado de nosotros) y un tipo habló con nosotros como por media hora para eventualmente llevarse dos de nuestras botellas de soda (¿?).

Aparte de eso, estuvimos muy a gusto. Hay varios cafés alrededor del parque y después del atardecer hay música a todas horas (muy buena música, como The Kooks ;) ). Además, el edificio de los Warner Bro's está justo al frente, entonces proyectan imágenes y cortos en la fachada. Lo que quiero decir es que aunque alguna gente está muy loca, la pasamos bien. Y descubrimos a donde no hay que ir.

Este fin de semana estaré visitando Ottawa y compartiré detalles de ese viaje en el blog en los siguientes días. 

¡Gracias por leer!

miércoles, 3 de junio de 2015

*Ninguna mariposa fue lastimada en la realización de este post.

Es chistoso como pasa el tiempo.

Hace dos semanas estaba prometiendo actualizar el blog y mírenme, rompiendo mis promesas tan pronto. Como siempre, tengo una excusa, y es que la he estado pasando increíble. He estado aquí tres meses (¡y me falta uno más!) y sigo descubriendo lugares y cosas...

En fin.

Había planeado un post completamente diferente esta semana incluyendo un video de los lugares en los que pueden encontrarme si vienen pronto a Montréal. Peeeero, como soy la persona más torpe del mundo y apenas y puedo caminar sin que me atropellen (ya ni hablemos de cámara en mano), eso tendrá que esperar. Mientras tanto, quiero compartir una de las mejores cosas que he hecho en Montréal: visitar el Jardín Botánico. 

La primera vez que escuché del Jardín no estaba muy convencida. Las plantas sonaban muy bien, pero podía pensar en mil cosas más interesantes que hacer con mi tiempo. Eso es, hasta que escuché de la exhibición de Mariposas en Libertad.

Después de arrastrarme hasta el metro y caminar por una colina durante media hora, llegué al Jardín. Mi primera parada fue el Jardín de las Mariposas, obviamente.


Una vez que cruzas la cortina azul que separa esta área del resto del invernadero, has entrado a un universo paralelo.

Coloridas flores cubren cada centímetro. Enseguida puedes sentir el dulce olor de todas las flores imaginables en tu nariz y ni siquiera te molesta. Lo más impresionante es el silencio. Hay gente por todas partes y lo único que escuchas es el sonido del agua. Nada más.


Te toma un momento notar a las criaturas que revolotean alrededor. Hay algunas escondidas en los árboles, otras más paradas en una flor, una que otra vuela en círculos alrededor de tu cabeza. Están en todas partes, literalmente.

Comienzas a sentirte como un intruso. En ese momento, una inmensa mariposa azul usa tu hombro como un lugar de descanso. Entonces, anonadado es la única palabra que te describe.


Estuve en el Jardín alrededor de una hora. 

Primero, caminando alrededor y después tomando fotos de todo lo que pasaba en frente de mi cara. De verdad disfruté estar ahí, y decir que estuve feliz de como salieron las cosas es poco. ¡Las mariposas son increíbles!


Más tarde me dirigí al invernadero (que es inmenso, no tienen idea).

Mi parte favorita tuvo que ser la Hacienda & Jardín Mexicano. Aunque la Hacienda no se parece a nada de lo que tenemos en México, todo lo demás está muy bien, creo yo. Me sentí como en casa.


A pesar de que pensé que no lo disfrutaría, el invernadero es demasiado bello como para no gustar. Las plantas son unas criaturas muy interesantes.

He aquí algunas de mis tomas favoritas:


Si me siguen en Instagram, habrán visto algunas de estas fotografías hace unas semanas. En realidad, tomé como un millón y me faltan muchas por compartir, pero como este post ya está saturado de fotos de alas, las estaré poniendo en mi IG en el transcurso de la semana. (También pueden encontrarlas aquí en el blog, en el lado izquierdo de esta página). 

Estaré de vuelta pronto para contarles más de mis aventuras. Como siempre, ¡muchas gracias por leer!

miércoles, 13 de mayo de 2015

El color del caos.

Hace más de un mes que no he publicado nada en el blog. 

Y es que aunque mis dedos me pedían a gritos que escribiera, mi vida estos últimos días ha sido un caos (en la mejor manera posible). Así que, habiendo tenido que reescribir este post tres veces y después de cuestionarme si estoy perdiendo el don (Ha!), les pido disculpas por mi desaparición y prometo que a partir de hoy, las Libretas de un Viajero regresan a su programación habitual: espero estar escribiendo cosas nuevas una o dos veces por semana.


Pero primero, lo primero:

¡Estoy en Canadá!

Como muchos de ustedes ya saben, a principios de abril me mudé a Montréal para mejorar mi francés. El plan: vivir en un departamento con otros estudiantes durante tres meses, en los que iría a la escuela y me dedicaría a explorar. Desde el día en que llegué (hace ya un mes y medio) y hasta el día de hoy, mi viaje ha sido toda una aventura. La vida no decepciona.


A la semana de estar viviendo aquí, me di cuenta que había tenido muchísima suerte en cuanto a mis roomies en la India. Desafortunadamente, eso no iba a pasar aquí, así que mi segundo fin de semana en Montréal lo pasé caminando de un departamento a otro, cada vez más decepcionada, hasta que encontré el (súper maravilloso) lugar en el que vivo hoy. De un día a otro pasé de ser una estudiante de intercambio a una joven adulta que vive sola, se cocina sola y quien no conoce tal cosa como un itinerario, un mapa o un plan. 

Desde hace un mes y medio que he estado viviendo sola, me he perdido en medio de una tormenta de nieve (a principios de Abril todavía nevaba en esta parte del mundo), he pasado por una cirugía menor en un dedo y sobrevivido para contar la historia; justo cuando comenzaba a sentirme normal, me ha dado un resfriado. Vivo eternamente sorprendida por los precios del supermercado, y la primera vez que hubo suficiente sol como para salir a pasear y decidí explorar a Montréal, pasé el coraje de mi vida cuando un señor superando (por mucho) las 4 décadas, me invitó a "tomar algo" (fue terrible porque el señor era bastante insistente y sus comentarios estaban bastante fuera de lugar).


Me ha tomado mucho tiempo adaptarme y es apenas hasta ahora que comienzo a acostumbrarme a la manera en que las cosas funcionan aquí, aunque el clima es algo que creo nunca voy a aceptar. Desde que he estado aquí hemos tenido tres semanas de invierno, dos días de primavera (en los que cada árbol en Montréal se ha puesto completamente verde y hermoso) y 4 días de lluvia en cantidades bíblicas mezclados con mañanas soleadas y tardes de viento.

El primero de esos días de lluvia, yo estaba completamente desprevenida, así que he usado un vestido hasta la rodilla. A primera hora de la mañana, mientras caminaba hacia la parada del camión, un auto ha pasado exactamente encima de un charco y me ha dejado la mitad del cuerpo empapado. Aún podía escuchar su risa mientras exprimía mis calcetinesestaba en la parada del camión. (Dios, ahora que lo leo hasta a mí me da risa).

Siendo completamente sincera, este viaje ha sido una travesía. De la mejor y la peor manera posible. Me han pasado cosas que no esperaba, no quería y no me imaginaba que me pasarían en este momento de mi vida. Aunque aún conozco muy poco de Montréal, estoy segura que no es un lugar en el que me gustaría vivir, pero aún así, no puedo evitar estar feliz aquí.


A pesar de que entro en pánico cada vez que alguien me habla en francés de forma inesperada (mis más sinceras disculpas al chico que me preguntó si me podía ayudar a encontrar algo en el pasillo del Provigo la semana pasada; ese "No" debería haber estado seguido de un gracias...y te aseguro que mi voz es mucho menos aguda en mi timbre normal), siento que estoy mejorando. Aunque ya es ritual verme corriendo a la parada del camión todas las mañanas y estoy segura que los conductores ya me reconocen (aplausos a los conductores del 103 Monkland), me siento un poquito más responsable, un poquito más independiente y un poquito mayor. 

Vivir sola es toda una aventura, pero realmente aprecio el tener la libertad de escoger cada segundo de mi día, poder inventar mis rutinas, cocinar lo que se me antoje, tirarme en la alfombra todas las tardes a leer uno de mis libros y tomar café, correr al Baskin Robbins de la esquina por un sundae antes de que cierre solamente porque sí...mis sesiones de karaoke improvisadas, mis exploraciones de la ciudad los fines de semana, las tardes de "solo necesito un pantalón" que se convierten en un viernes de compras, los viajes a Chinatown porque tuve antojo de Pho, mi propia versión de las Cruzadas para matar a las arañas y las hormigas que a ratos invaden la casa, el infinito placer que me dan mis rutinas de la mañana, la tranquilidad que acompaña mis viajes a la escuela (una vez que ya estoy en el camión, por lo menos), las veces que recuerdo una conversación en la que indudablemente fallé sin darme cuenta y no me queda más que reírme en el metro aunque la gente piense que estoy un poco loca...los momentos que son exclusivamente para mí, esos no los cambio.


Así es como funciona la vida para mí ahora. 

Gracias por leer y gracias especiales a aquellos que me estuvieron incitando para que escribiera en el blog (¡Adolfo!) y me han mandado mensajes preguntando cómo estoy y cómo me está yendo, prometo no desaparecer de nuevo (no pronto, por lo menos).