lunes, 8 de septiembre de 2014

Viviendo India.

El fin de semana pasado, MUWCI organizó varias actividades para que los recién llegados nos integráramos y conociéramos más acerca de nuestra comunidad. Algunos de mis compañeros fueron a tomar una caminata  por el Monte Wilkinson o el Grand Canyon, mientras que otros fueron a una visita cultural a una fortaleza cercana a la escuela, y el resto fuimos huéspedes en las casas de los habitantes cercanos. 

Ésta es mi aventura.

Primero, fuimos separados en grupos dependiendo de las villas a las que nos tocaría ir. La más cercana estaba como a 15 minutos caminando y la más lejana, a una hora. Algunos niños de las villas nos recogieron en la escuela y juntos fuimos caminando hasta sus casas. A mi, junto con una chica india, una finlandesa y una canadiense, nos tocó la villa más cercana. 

Llegar nos tomó más o menos media hora porque primero visitamos un templo dedicado a Krishna que nos quedaba en el camino. Como llegamos temprano, tuvimos tiempo de que Deepali y Pratiksha, nuestras anfitrionas, nos enseñaran las casas alrededor de la villa. En una de esas nos enteramos de varios datos curiosos acerca de las flores y plantas que tienen, entre las que está la albahaca, a la cual le rezan por tener propiedades curativas. 

Cuando nos habían mostrado su escuela, su templo y a algunos de sus vecinos, quienes fueron extremadamente amables con nosotros, regresamos todas a casa de Deepali para una sesión de dibujos con mehndi (henna). Ambas chicas son verdaderas artistas. 



Después, la chica finlandesa y la chica canadiense fueron con Pratiksha a su casa mientras la chica india y yo cenamos con Deepali. Su mamá y su abuela prepararon la comida india más deliciosa que he probado en mi vida. Aunque la verdad, estaba súper picosa (y eso que soy mexicana). En India, una manera de mostrar respeto y aprecio por tus invitados es darles de comer, asi que cada vez que nuestro plato parecía estar vacío, alguien acercaba una cuchara con arroz, o más chapati. Eso me hizo sentir de nuevo en casa. Ay México, cómo te extraño. 

Poco después, Deepali y su abuelita sacaron varios tapetes y los pusieron en el piso. Ahí dormimos Deepali, su abuelita, mi compañera india y yo mientras sus hermanos dormían en los sillones junto a nosotros. Antes de quedarme en su casa, había escuchado historias de algunos compañeros que habían tenido que dormir con las vacas, o aguantar a los ratones escalando las paredes. La verdad es que yo dormí muy bien. Incluso seguí dormida mientras que el gallo cantó a las 4 de la mañana y luego otra vez a las cinco. 

Me desperté justo a tiempo para tomar el primer chai del día y tener la última plática con Deepali y su familia, quienes nos pidieron que volviéramos pronto. Mis anfitrionas incluso salieron a despedirnos con abrazos de la villa y se quedaron diciéndonos adiós mientras que caminábamos entre los charcos y el paisaje verde, verde de la India de regreso al colegio. 

Aunque mi familia no hablaba inglés y yo (por supuesto) no hablo hindi (¡aún!), la verdad es que no fue una experiencia incómoda o desagradable. Esta es la primera vez que me siento a cenar con alguien y lo único que podemos hacer es señalar y sonreír. Es mucho más divertido de lo que suena, y también me enseñó muchísimo. 

Aprendí a juntar las manos cada vez que digo Namaste, y aprendí que Dhanyavad y Sukriya tienen el mismo significado (gracias), pero que sonreír es igual de efectivo. Ya estoy aprendiendo a acercarme a los lados de la carretera cuando escucho el claxon de un auto o una moto sin tener que voltear hacia atrás o salir corriendo despavorida. Y por fin, por fin me estoy acostumbrando a asentir como los indios, aunque cada vez que lo hago me siento chistosa. De lo único que me arrepiento es de haber usado tenis porque cada vez que salía de una casa me tardaba horas en volvérmelos a poner.

Estar viva se siente realmente bien. Estar viva y ver la magia de este país y su gente es aún mejor. México e India tienen más cosas en común de lo que la gente cree. 

Dhanyavad Deepali & Pratiksha! 

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