Es temprano en la mañana en el último día del 2014.
(Por lo menos aquí, en mi rincón del mundo aún es temprano).
El aire vibra con anticipación por el año que viene, aunque también carga memorias y gratitud por el año que se va.

Para mí este año ha sido particularmente fantástico.
Viajé 15'612 km, convirtiendo al 2014 en mi año con Mas Distancia Recorrida. Gané una beca, empaqué mis bártulos y me mudé a la India en lo que pareció un suspiro. He visto muchos nuevos (e increíbles) lugares. He conocido nuevas (y magníficas) personas de todos los rincones del mundo a quienes ahora llamo mis amigos. Conocí a mi fuerza, mis roomies. Conocí a mi familia, mis latinos. He comido delicioso. Salí e hice cosas nuevas, aprendí nuevas lecciones, cambié (mucho), tomé decisiones difíciles. Para terminar tuve la oportunidad de volver y despedir al 2014 en el mismo sitio en el que lo recibí hace 365 días, con las personas que más quiero en el mundo.
Quién diría que tantas cosas pueden pasar en tan poco tiempo.
Quién diría que uno podría ser tan inmensamente feliz.
Y aunque este año estuvo lleno de tantas cosas magníficas, también tuvo lo justo entre sustos, lágrimas y decepciones. Me pasaron cosas que no me hicieron especialmente feliz. Lloré de frustración e impotencia. Me he puesto particularmente enojada y particularmente triste. He tenido que decir adiós a muchas cosas.

Es temprano en la mañana en el último día del 2014.
(Por lo menos aquí, en mi rincón del mundo aún es temprano).
Estoy agradecida con el año que acaba porque puedo asegurar (sin temor a equivocarme) que este año supera a cualquier otro en términos de lo que he hecho y planeado para mí.
Éste ha sido mi mejor año en la vida.
En cualquier otro momento le hubiera pedido al Año Nuevo que me diera amor, fortuna, viajes y todo lo demás. Con todas las cosas que han pasado, las aventuras que he vivido y el amor por viajar que ahora tengo...
Todo lo que pido al 2015 es que me dé el don de saber cuándo parar.
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